Thursday, April 13, 2023

Corrupción: De la Individual a la Institucional

 

La interacción entre la corrupción individual y la institucional da lugar a un fenómeno que el politólogo Dennis Thompson[1] bautizó como “conversión de corrupción,” la tendencia de los participantes en un acto corrupto a convertir un tipo de corrupción en otro.

En ambos casos, la conversión induce a pasar por alto el importante significado de la corrupción institucional. Esto es bastante claro en el caso de la corrupción institucional que tiende a individualizar la mala conducta imputando solamente a unas pocas “manzanas podridas” aunque haya muchas otras involucradas dentro la misma institución.  Mientras esta estrategia de individualización tenga éxito, el mal aparecerá contenido y la institución con el resto de sus oficiales serán exonerados.

La otra tendencia, la de institucionalizar la conducta corrupta individual, podría parecer lo opuesto a la individualización, pero termina teniendo el mismo efecto de minimizar la importancia de la corrupción institucional.  Aquí, sólo los participantes son diferentes: los acusados de corrupción y sus defensores están dispuestos a enfatizar los aspectos institucionales de la supuesta corrupción, ya sea excusando el acto corrupto como una falla institucional ("no está mal porque la mayoría de sus colegas lo hacen") o justificándolo como un privilegio institucional ("no está mal porque todos sus colegas lo aprueban").

Mientras que ambas tendencias de conversión refuerzan la idea que la corrupción institucional es menos grave que la personal, es importante destacar que una denuncia de corrupción institucional no significa que sólo la institución es culpable. Debería reconocerse que los actores del acto de corrupción institucional son individuos que deben ser responsabilizados por sus comportamientos.

En la práctica, generalmente, tendemos a ver la corrupción como un fenómeno social atribuido a personajes políticos, pero una mirada más atenta revela que la corrupción comienza y se mantiene a nivel del individuo.   Así como el político corrompe el poder otorgado por sus constituyentes, el individuo corrompe el poder dado por su propia conciencia.

La más sutil señal de corrupción personal aparece cuando el individuo intenta justificar sus acciones incorrectas con las acciones incorrectas de otros con racionalizaciones de lógica enmarcadas en la única ley tácitamente reconocida, “la ley del gallinero”: 


"Todos los demás lo están haciendo".
"No es mi responsabilidad".
"Tengo que hacerlo para sobrevivir".
"Tu no entiendes cómo se hacen los negocios / o / como se vive aquí".
"Si no lo hacemos nosotros, lo hará otro".

El dualismo, la actitud de obedezco, pero no cumplo, la primacía de las relaciones familiares y personales, el clientelismo y la falta de respeto a la ley, por ejemplo, han sido todos vinculados a la religión católica y la herencia ética española, a su ethos.
En el modelo cultural de Glenn Dealy[2] , se observa que toda hispano-américa incluida Argentina, fue pasada por alto por la Reforma, dejando inafectada la filosofía de doble moral católica con valores ético-religiosos centrados en la individualidad familiar, por un lado, y los valores maquiavélicos de auto-engrandecimiento personal del Homo politicus por el otro. 

En consecuencia, las relaciones familiares y personales se volvieron sumamente importantes, eclipsando el papel de las instituciones impersonales y los principios éticos universales, creando esta peculiar sociedad nuestra que el sociólogo Edward Banfield[3] llamó de “familismo amoral”.   

Con su estudio Banfield inició las investigaciones sobre la influencia de la cultura en el crecimiento de un país. Dentro de ese esquema, el concepto de capital social, definido como el conjunto de normas, valores y creencias que promueven la confianza, la cooperación y la coordinación, juega un papel esencial.

Cuando la confianza se extiende al resto de la sociedad, se dice que la confianza es generalizada, y la sociedad se vuelve próspera y tienen instituciones más fuertes; cuando no sale del círculo familiar, la sociedad cae en el "familismo amoral" de Banfield y muestra niveles más altos de corrupción, clientelismo y compra de votos, como en México y Argentina.  El amiguismo se convierte en la moneda corriente para hacer fácil lo difícil, ya sea tramitar un carnet de conductor en un pueblito periférico, pasar por aduana el último capricho electrónico, licenciar un automóvil importado, venderse a un candidato político o acomodar a un cuñado en un puestito en el gobierno.

En ese caldo se juntan la amoralidad gauchesca de Hernández con la amoralidad Montegrana de Banfield al ritmo del Cambalache tanguero de Discépolo.  Las leyes y las instituciones dejan de ser respetadas en un escenario donde todo vale y la coima engrasa los engranajes de la administración pública bajo la tolerancia interesada de una sociedad eternamente quejosa.  En ese medio no existe el “Nosotros”, allí existen solamente el “Yo” y el “Ellos”.

El último reporte de Transparencia Internacional correspondiente al año 2022 da cuenta que Argentina continua entre los países más corruptos en el puesto 94 sobre 180 países que forman parte del ranking mundial. 


DENMARK Rank 1/180
UNITED STATES OF AMERICA Rank 24/180
AUSTRALIA Rank 13/180
URUGUAY Rank 14/180
CHILE Rank 27/180
ARGENTINA Rank 94/180               

Tal vez por esta dinámica social, desde los Hermanos Baring y Bernardino Rivadavia hasta los esposos Kirchner y Lázaro Báez, es que muchos vinculan la corrupción en América Latina a la cultura.

………….. ‡ …………

Mi artículo anterior comenzó con una anécdota personal, en este quiero terminar con otra, bastante similar, pero de diferente significado.

 

Ocurrió mientras regresaba de una salida de compras con mi esposa y mi primer hijo.  Comenzaba una nueva etapa en mi vida, en un departamento nuevo, con un auto nuevo, y un nuevo miembro familiar de solo una semana de vida.


Mientras nos acercábamos a un paso-a-nivel sin barreras, escuchábamos a lo lejos el silbato del tren que se aproximaba.  Sin pensarlo mucho, apreté el acelerador para cruzar los rieles, el auto dio un salto y aterrizamos del otro lado con un pequeño sacudón.
 
Antes de llegar a la esquina, de la nada surgió un patrullero obligándome a detenerme. Con adusta seriedad policial, el oficial me pide mi licencia de conducir explicando la violación que yo había cometido.  Al extenderle la billetera donde tenía insertada la tarjeta, me exige sacarla y darle solamente la tarjeta.  Con mi tarjeta, el oficial confirma mi identidad y mis antecedentes.


 
“Por esta única vez, Sr. Halac y solamente por el bebé…”, me dice mirando la cuna del niño, “voy a dejarlo ir sin multarlo, usted no debería ser tan irresponsable con su familia.  Que tenga un buen día”.
 
El oficial regresa a su coche estacionado detrás mío, y yo busco mi billetera que había desaparecido.  Me bajo del auto, busco en los asientos traseros, en el piso, en el pavimento.  El patrullero se acerca a preguntarme cual era mi problema y se lo explico. Nos hace bajar a todos.  Mueve el auto unos metros más adelante y vuelve a revisarlo todo, incluyendo nuestros bolsillos.
 
“¿Dónde recuerda haber tenido la billetera por última vez?” me pregunta.
 
“Cuándo se la entregue a usted” le respondo, mientras mi esposa se reinstalaba con el niño en el coche.
 
“Yo solo tomé su licencia de conducir” él me recuerda.
 
“Si, es cierto” le confirmo. “De todas maneras, solo tenía una tarjeta de crédito y unos pocos pesos. No importa si la pierdo” le digo ya cansado de la experiencia y acribillado por los ojos de mi esposa. “Todo bien, no hay problema—ya quiero seguir mi camino”.
 
“No tan rápido Sr. Halac, no tan rápido.  No puedo dejarle ir sin solucionar el problema de su billetera y despejar este misterio.  Por favor acompáñeme al precinto para levantar un acta con su versión de este evento cotejada con la mía…”
 
Mientras escuchaba sorprendido esa preocupación por el relato veraz de lo ocurrido, podía ver como mi esposa agitaba sus brazos con la billetera perdida.
“Estaba apretada debajo del apoyacabeza” nos explica mi esposa para el alivio de todos.


[1] Dennis Frank Thompson es politólogo y profesor en la Universidad de Harvard, donde fundó el Centro de Ética y Profesiones para toda la universidad. Thompson es conocido por su trabajo pionero en los campos de la ética política y la teoría democrática.

[2] -- Dealy, Glen Caudill, “The Latin Americans: Spirit and Ethos” (1992); “The Public Man: An Interpretation of Latin American and Other Catholic Countries” (1997).

[3] Edward C. Banfield, “The Moral Basis of a Backward Society” (1958).  El libro compila las observaciones Montegrano, Italia en 1955, una sociedad egoísta y centrada en la familia, que sacrificaba el bien público en aras del nepotismo  y la familia inmediata.

Monday, March 27, 2023

CORRUPCION

 

Mi primera experiencia en corrupción ocurrió mucho antes que yo supiera como se le llamaba a tal acción.  Fue en Tucumán, Argentina, cuando José María Guido presidia el país gracias a uno de nuestros recurrentes golpes de Estado.

Volvía de un viajecito en motocicleta a La Quiaca. Pasando por la capital tucumana, la policía me detuvo por tener rota la luz trasera.  No me multaron. Me pidieron una coima para dejarme seguir, y por negarme, me metieron en un calabozo.  Me dejaron seguir viaje esa misma noche cuando pedí que me dieran algo de comer.          

Comencé a comprender el significado y las implicaciones de los actos de “corrupción” cuando emigré de Argentina, al familiarizarme con trabajos de analistas políticos no argentinos (mi limitación investigativa no encontró estudios sobre corrupción de analistas argentinos antes de 1998).

Comenzando con la definición clásica del politólogo J. Nye de la corrupción como “el comportamiento que se desvía de los deberes formales de un cargo público para beneficio privado”, pude rastrear  históricamente la “corrupción” hasta  las instrucciones que el escriba egipcio Amenotep daba a su hijo:  “Nunca aceptes soborno de un hombre rico o poderoso en perjuicio de un hombre débil”, un consejo incorporado en el decreto de Horemheb castigando la corrupción y los abusos de poder con golpizas hasta la desfiguración, el exilio y si era grave, con la muerte.

Desde la antigüedad hasta el presente, la corrupción ha sido un obstáculo insuperable. Atenas tenía leyes que castigaban a quienes aceptaban ganancias privadas a expensas del interés colectivo que incluían la esclavitud y el clientelismo, dentro de un sistema político cuyos cargos públicos no remunerados fomentaban la conducta desviada de los oficiales.

La Reforma protestante, con su explícita condenación a la corrupción de la Iglesia Católica Romana, contribuyó a exponer la comercialización de sacramentos, indulgencias y otras prebendas y beneficios eclesiásticos.

Hasta hace muy poco, el escrutinio de la corrupción estuvo casi exclusivamente enfocado sobre el plano del poder político, asumiendo que la degradación de una sociedad es un proceso “de arriba hacia abajo” cuando en realidad, en sociedades democráticas, el estrato político de “arriba” se puebla con el material humano “de abajo”.

A fines de la década de 1980, después de décadas de ser aceptable como práctica común, la corrupción se convirtió en un tema importante de la ciencia política, resurgiendo en las últimas décadas en estudios que comenzaron a distinguir dos grandes tipos de corrupción:

La corrupción institucional y la corrupción personal.

La corrupción institucional es esa que conocemos bien y que denunciamos cada día con cada una de nuestras frustraciones ciudadanas, y que puede a su vez descomponerse en corrupción “no personal”, cuando la institución es sistémicamente corrupta en beneficio de un grupo; y la corrupción “personal” cuando los individuos subvierten la norma institucional en beneficio propio.

La corrupción personal se refiere al carácter moral de las personas, pero ese es el tema de la próxima nota.


Saturday, March 25, 2023

“y fui en busca de un hombre sabio,”



“y fui en busca de un hombre sabio, primero entre los políticos; después entre los filósofos; y lo que encontré fue tener una ventaja sobre ellos, porque yo no tenía presunción de lo que sabia. (…) los artesanos tenían, si, algunos conocimientos reales; pero también creían saber sobre cosas que estaban más allá y por encima de ellos (…) esta búsqueda me trajo muchos enemigos y trajo muchos odios…


Al comienzo de su carrera después de la exitosa presentación de la serie televisiva “Raíces”, el conocido actor/director LeVar Burton tomó la causa de una población africana en Guyana que desde el siglo XVII vivía aislada de las sociedades modernas. Estos descendientes de esclavos negros que pudieron escapar el destino establecido por sus traficantes, conocidos como “Maroons” (Cimarrón en español), habían logrado sobrevivir en la semi-impenetrable jungla Guyanesa, conservando fielmente sus tradiciones africanas y evitando el contacto con el mundo “civilizado” que pretendía disponer de sus destinos.

LeVar supuso que necesitaban desarrollarse y encontrar un líder sabio que los condujera.

Aunque el heroísmo de estas comunidades en desafiar la autoridad blanca—como prueba viviente de una consciencia de esclavo que se resiste a ser manipulado por cómo es “definido” por el hombre blanco—merece una narración aparte y ser conocida por todos. Esta historia no es específicamente sobre los Maroons, sino sobre un muy común aspecto de la ignorancia, y su otra forma: el conocimiento pretendido.

La libertad que el prolongado aislamiento había dado a los Maroons no fue gratuito y sin consecuencias, las enfermedades, la reducción de recursos naturales de alimentación y el estancamiento amenazaban la continuidad de su existencia, y LeVar Burton decidió ayudarlos.

El mismo LeVar narra su emotiva experiencia de los primeros encuentros, entre los que una anécdota en particular fue la inspiración para esta nota.

El extraordinario arribo del moderno y civilizado negro afro-americano LeVar conmocionó la comunidad Maroon, que no descansaba en su interrogatorio sobre el pueblo, las costumbres y la geografía del lugar de donde él provenía, que en ese momento era la ciudad de Chicago. Un punto sumamente problemático—cuenta LeVar—fue la descripción del invierno en su ciudad: la nieve, y el agua helada en ríos y lagos.

Fue en este punto que su credibilidad se vio en peligro, ya que estas inocentes criaturas no podían asimilar algo tan extraño y tan incompatible con sus experiencias como el agua cristalizada por el frío.

Naturalmente, los ancianos de la tribu con toda su sabiduría tejieron cuanta especulación podían imaginar tratando de comprender, no como el agua podía solidificarse, sino porque este supuesto e inesperado benefactor con su mismo color de piel intentaba engañarlos con el cuento del agua "dura".

Eventualmente, con fotografías y con verdaderos trozos de hielo, LeVar pudo convencer a sus protegidos de la veracidad de sus descripciones e intenciones.

A través del tiempo yo he escuchado y leído una infinidad de explicaciones para justificar la resistencia a evidencias fácticas y al razonamiento crítico; me he encontrado con un profetizado hombre gris, el 3er. Caballero, pronósticos de revoluciones en gestación, verdades por revelaciones introspectivas, pseudo-científicos, bien intencionadas pero erróneas formulaciones karmáticas,  hasta donde ya no es posible avanzar más: la Fe.

La reacción de los ancianos Maroons frente a lo desconocido —como las de los actuales pseudos-científicos “negacionistas”— tiene un nombre: Disonancia cognoscitiva.

Quedar atrapado en las tinieblas de disonancias cognoscitivas es excusable en personas incomunicadas con el mundo en evolución y fuera del alcance de información como los Maroons; pero completamente inexcusable en individuos y sociedades que gozan de libertades y acceso total a los beneficios de la educación y el flujo constante y actualizado de información.


Estudiando este fenómeno, León Festinger explica la “teoría de disonancia cognoscitiva” en su libro “Cuando Fallan las Profecías” (1956). Festinger escribe:
 

“Un hombre bajo una convicción es difícil de cambiar. Dígale que usted difiere de él y le dará la espalda. Muéstrele los hechos o evidencias y él cuestionará sus fuentes. Apele entonces a la lógica y él no verá su punto.”

“Nosotros todos hemos experimentado la futilidad de intentar cambiar una convicción fuerte enraizada, sobre todo si la persona convencida tiene algunas inversiones en su creencia. Nosotros estamos familiarizados con la diversidad de ingeniosas defensas con que las personas protegen sus convicciones, tratando de mantenerlas indemne con los argumentos más inverosímiles”

“Pero el recurso de ese hombre va más allá que proteger simplemente una creencia” agrega Festinger, “Suponga usted que un individuo cree algo con todo su corazón; suponga además, que él tenga un compromiso con esta creencia, que él ya haya tomado acciones irrevocables debido a lo que cree; y finalmente, suponga que a él se le presenta evidencia inequívoca e innegable de que su creencia está equivocada: ¿Qué puede ocurrir? El individuo frecuentemente emergerá, no sólo inalterado, sino más convencido aun de la verdad en sus creencias. De hecho, él hasta puede mostrar un fervor renovado e incluso tratar de convencer y convertir a otras personas sobre su punto de vista.”

Para nada placentera, la disonancia cognoscitiva es la ansiedad que se produce cuando aparecen evidencias contrarias a lo que se cree, lo que se decide, o lo que se hace.

La gente tiende a reaccionar inconscientemente para reducir tal disonancia y recuperar su equilibrio. Investigaciones recientes demuestran que la disonancia puede ser un obstáculo serio para tomar decisiones correctas, ya que se produce un mecanismo curioso: el que la padece se aferra a su primera decisión y elude, minimiza o manipula todo lo que la niega, para reducir el conflicto interno y su disonancia. ¿O ustedes nunca han visto con cuanto ardor se resisten algunas evidencias lógicas e históricas?

En “Porque Fracasan los Ejecutivos Inteligentes”, Sydney Finkelstein describe los “negocios zombies”, esas empresas que fracasan porque sistemáticamente evitar asimilar toda información que contradiga su visión de la realidad. ¡Por eso fracasó Coca Cola cuando creó la Nueva Coca! Y por eso fracasaron Apple con la The Apple Newton; y Kodak, y Polaroid…

Así es como individuos, organizaciones, y hasta naciones enteras, encuentran gratificaciones ilusorias y temporarias.

El mecanismo de escape tiene también un nombre: “disponibilidad heurística”, un sesgo de apreciación que confunde lo probable con lo imaginable.

Yo imagino la frustración de Levar frente a la resistencia de quienes él eligió para compartir su buena fortuna y sus experiencias; y al mismo tiempo, admiro su tolerante persistencia.

Con toda su buena voluntad y esfuerzo, LeVar Burton fracaso en su empeño.  Ellos no necesitaban conocimientos nuevos o de afuera, ni más sabiduría que la de divinidad de Nyancompong y los espíritus de sus ancestros siempre disponibles para ayudarlos y protegerlos.

Yo tampoco encontré nuestro hombre sabio.  Diría que podríamos quedar hamacándonos en la quejumbrosa conformidad de nuestra apatía enmascarada en una delgada pretensión de sabiduría.



Saturday, March 18, 2023

Los Filtros de Nuestra Burbuja

Illustration: Tom Straw for The Guardian 

Los Filtros de Nuestra Burbuja 
    Es prácticamente inevitable que nosotros seres humanos tendamos a asociarnos con nuestros similares, ya sea política, económica, racial, o religiosamente hablando. A esto se le llama “agrupamiento”, como el agrupamiento de una promoción estudiantil, por ejemplo, o de una profesión, una religión, o una posición económica. 
    Las redes sociales explotan esta tendencia usando algoritmos que “premian” con posts, artículos u opiniones que conforman con nuestras inclinaciones. 
    Los investigadores de un reciente estudio descubrieron que las personas y sus redes de amigos ven noticias e historias sesgadas hacia sus preferencias ideológicas. De ahí que, si nosotros y nuestros amigos recibimos noticias solamente de fuentes que reflejan nuestras creencias, corremos el riesgo de vivir completamente sumergidos en una burbuja filtrada, un eufemismo que disimula el término sociológicamente correcto, pero obviamente más irritante de homofilia, que significa, literalmente, ‘amor a los iguales’. 
    El ciber-activista Eli Pariser acuñó el término “filtro de burbuja” para definir “la selección personalizada de la información que recibe cada individuo, a quien introduce y mantiene en una burbuja adaptada para que él se encuentre confortable, pero aislado de las demás”. Tan confortable, que el clic y reenvíe nos ha robado la habilidad de escribir. 
    Según Pariser, los filtros de burbuja mantienen a las personas aisladas de ideas en conflicto con las suyas y presentan aquellas consistentes intelectualmente con su propio sesgo informativo. Así se evita que reciban cualquier información que no concuerde con sus puntos de vista, atrapados en sus burbujas culturales e ideológicas. 
    No muchos decidimos informarnos sobre un tema que nos interese. Sin pensarlo demasiado, generalmente abrimos y digerimos los mensajes que nos llegan, o transitamos por nuestro sitio favorito y hacemos clic en lo que nos parece interesante. O miramos los posts de Facebook, Twitter o TikTok para ver qué está compartiendo la gente que piensa como “como nosotros” pero sin intención de educarnos sobre un tema determinado, o confirmar si la información es falsa o verdadera. No, probablemente estemos matando tiempo, buscando distraernos, o tratando de mostrarnos como descubridores de alguna verdad irrebatible. 
    Hojeamos, copiamos, pegamos y compartimos sin estar informados, completamente desinteresados en cómo lo que vemos y reenviamos en nuestra red, nos afecta a nosotros y a los demás. Esa es una ignorancia voluntaria de consecuencias. 
    Muchos sitios web conducen a contenidos basados en nuestro historial de navegación, reenvíos, edad, y otros datos, convirtiéndonos en repositorios de una avalancha de artículos y publicaciones que respaldan nuestras ideologías, perspectivas y opiniones. Y si un sitio no ofrece un contenido que nos gratifique, tendemos a aplaudir a aquellas personas cuyas opiniones se alinean con las nuestras.
    Nuestra burbuja se convierte en una cámara de eco. Asumimos que todos piensan o deben pensar como nosotros, despreciando cualquier otra perspectiva. Los filtros de nuestra burbuja refuerzan nuestros sesgos cognitivos nublando la capacidad de pensar de manera lógica y crítica. 
    Encerrados dentro de su burbuja ideológica, los miembros de un grupo pueden abandonar su capacidad individual en favor del pensamiento grupal y adoptar una conducta de rebaño que ignora las convenciones sociales y ve a los que están fuera de grupo como enemigos. 

     Toda nueva tecnología nos llega con beneficios, y también costos. La pólvora comenzó a ser utilizada como entretenimiento, pero se convirtió en un elemento mortal; la cocaína apareció para aliviar el dolor, pero se convirtió en uno de los mayores males sociales de muestro tiempo. La Internet no parece ser una excepción. No es culpa de la tecnología, sino de quienes la usan.
    Una democracia sana requiere que los ciudadanos vean las cosas desde el punto de vista de los demás, que tengan confianza en hechos compartidos, en vez de universos paralelos, separados y antagónicos. La democracia necesita que todos estén igualmente informados sin filtros que distorsionen nuestra percepción del mundo. 
    En un seminario tecnológico sobre los hábitos de los usuarios de medios sociales, Mark Zuckerberg dijo a sus colegas: “una ardilla muriendo en el patio de tu casa puede ser más relevante para tus intereses en ese momento que las personas que mueren en África”. En esta cita, memorable por su insensibilidad, Zuckerberg sugería que las plataformas de redes sociales están optimizadas para favorecer las noticias y eventos locales, más relevantes, y más cercanas al hogar y al bolsillo de las personas, en lugar de lo que suceden a la distancia, ya sea geográfica o ideológica.

Monday, November 26, 2018

De cómo el Nationalsozialismus se apareó con el Reichsgesundheitsamt para nodrizar la Homöopathie.


De cómo el Nationalsozialismus se apareó con el Reichsgesundheitsamt para nodrizar la Homöopathie.
¿Cuánta investigación es necesaria para probar que una terapia NO trabaja? Te sorprenderá saber que en el caldo social donde nació y “prendió” la homeopatía, ya hicieron lo suficiente para pprobarlo, es decir, lo suficiente para la gente racional.
Durante el Tercer Reich, el liderazgo nazi--en su mayoría simpatizantes de la homeopatía[i]--decidió resolver la cuestión iniciando un programa de experimentación cuidadosamente planeado y rigurosamente ejecutado.  Sobre ese, como sobre algunos otros experimentos médicos, se escribió un informe[ii] que incluso sobrevivió a la guerra. Pero desapareció aparentemente en manos de los homeópatas alemanes porque, según el detallado informe de testigos oculares, los resultados fueron total y devastadoramente negativos. No había entre los homeópatas alemanes ningún Von Brown que valiera la pena ser rescatado por los aliados.

Hitler y sus colegas nazis desempeñaron un papel importante en la promoción de la llamada "medicina alternativa" en Alemania. Goebbels legalizó la homeopatía para mantener satisfecha a la población civil, ya que tan pronto como se pudiera organizar la guerra, los verdaderos médicos serían enviados a atender las tropas. Los nazis realizaron experimentos hasta darse cuenta de que las curaciones no ocurrían.

La ley de Goebbels, además de legitimar a los practicantes homeópatas, tenía la intención de prohibir la capacitación homeopática para que el número de practicantes disminuya después de que terminara la guerra.

El gobierno nazi "unificó" a todas las organizaciones huérfanas de salud bajo su liderazgo para generar el "Neue Deutsche Heilkundem” la Nueva Medicina Alemana.[iii]    Después de largos desacuerdos, la ''Heilpraktikergesetz" (la ley de Goebbels que regula a los profesionales de la salud) legitimó esa actividad en 1935.  Sin embargo, una cláusula de la ley revela lo que Goebbels realmente pensaba de la profesión que había creado. Mientras que esta sospechosa ley le ofrecía reconocimiento a los "Heilpraktiker"—los curanderos prácticos--al mismo tiempo prohibía su generación de novo.   La ley estaba programada para que la profesión de "Heilpraktiker" se extinguiera una vez terminada la guerra. Goebbels mismo calificó la ley ''Heilpraktikergesetz" como "la cuna y la tumba de una profesión."[iv]


En las ruinas de un invernadero contiguo al campo de concentración en Dachau, se observan apenas visible entre la hierba, las camas de cultivo experimentales donde crecían los gladiolos, pimienta, chili, grosella negra, salvia, tomillo y cientos de otras plantas[v] con los que se experimentaría la eficacia de la naturopatía y la homeopatía.


 
Al probar sistemáticamente miles de plantas, los nazis esperaban encontrar remedios para dolencias menores que serían más baratas que las drogas. La homeopatía, con sus cantidades minúsculas de ingredientes supuestamente activos, sonaba como una manera especialmente prometedora de reducir costos. Y, por supuesto, más barato aun con el trabajo esclavo de los prisioneros. De dar buen resultado, esas baratas curaciones herbarias harían innecesarias las prescripciones médicas.

Esa red variopinta de curanderos Alemanes que mantenía el jardín herbario ya venía prescribiendo extractos de plantas, pociones homeopáticas y curas de agua, aprovechando la creencia generalizada en alternativas a la medicina convencional durante la década de 1930. En ese momento, alrededor de medio millón de alemanes estaban formalmente inscriptos en clubes de salud dedicados a difundir estas cuestionables prácticas de curación. 

Nada para sorprenderse, el creador de la Homeopatía, Samuel Hahnemann (1755-1843)
fue un médico Alemán que reaccionó contra las terribles prácticas médicas de su  tiempo, basadas en la suposición que las enfermedades eran causadas por humores que debían ser expelidos del cuerpo por cualquier método posible: Expulsado no sólo por los órganos naturales de excreción, que eran exigidos hasta sus límites , sino además por otros métodos artificiales y antinaturales de excreción.

Hahnemann murió antes que Pasteur lo sacara de su error con la teoría microbiana de las enfermedades en 1878.

Estas creencias populares, promovidas inteligentemente, podrían ser útiles a los nazis. Para que los alemanes fueran aún más receptivos a estas curas de bajo costo, los nazis se dedicaron a demonizar la medicina científica, que según ellos, era un complot manufacturado por "médicos judíos".

Los judíos estaban sobrerrepresentados en la medicina, ya que una quinta parte de los médicos en Alemania eran de origen judío, y en Viena eran más del 50%. Esto estaba relacionado con siglos de persecución, porque históricamente, la medicina había sido la única profesión abierta a los judíos porque los colocaba en la primera línea de lucha contra las plagas de la Edad Media. Alguien tenía que hacer el trabajo riesgoso, y los judíos eran prescindibles[vi].

Las progresivas restricciones nazis a los médicos judíos comenzaron con el ascenso del nazismo al poder en 1933. Los profesionales médicos judíos fueron expulsados de las universidades, se les prohibió practicar y finalmente fueron expulsados del país o asesinados. Una nueva ley alemana limitó el número de estudiantes judíos en las escuelas y universidades alemanas; otra ley redujo la "actividad judía" en las profesiones médicas y legales. Leyes y decretos subsiguientes limitaron el reembolso que podían obtener los médicos judíos del seguro de salud estatal.

Con sus programas de “Darwinismo Social” e “Higiene Social” Hitler expulsó de sus cargos tanto a médicos mujeres como a médicos judíos, reemplazándoles con estudiantes de medicina, naturópatas y homeópatas[vii].
Como es de esperar, con la pérdida de gran parte de médicos con experiencia, la calidad de los servicios de salud sufrió un serio deterioro.  Por ejemplo, las muertes por difteria subieron de 77,340 in 1933, a 146,733 en 1937.  La misma tendencia fue registrada in fiebre escarlata, meningitis, parálisis infantil, y tifoidea (Weindling, 1989).  La mortalidad hospitalaria subió el 16%[viii] .
 
En 1937, los nazis disolvieron las organizaciones profesionales médicas y las pusieron bajo el control del gobierno. Los diferentes grupos de curanderos tuvieron la misma suerte, pero para ellos el control estatal era un paso hacia arriba, ya que venía acompañado por el reconocimiento como parte de la profesión médica, poniendo a los verdaderos médicos en la misma situación que los herbolarios, homeópatas y apóstoles de las curas de agua del Padre Kneipp[ix].  Después que Alemania anexó Austria en 1938, se repitió allí el mismo proceso. La Facultad de Medicina en Viena fue "purificada" de tres cuartas partes de sus instructores, casi todos por tener ascendencia judía, con muy poca oposición de los que quedaban.

El jardín herbario de Dachau fue mantenido hasta que estalló la guerra, sin que el grandioso experimento produjera la esperada alternativa a la farmacia científica. El régimen Nazi no encontró ninguna base científica para los tratamientos a base de hierbas, un resultado confirmado en las pruebas clínicas que nunca se publicaron[x] .

A pesar de este contratiempo, los nazis se mantuvieron firmes en apoyar y mantener la fe de la población alemana en los curanderos alternativos, imprescindibles para mantener satisfechos a los civiles cuando se encontraran con que la mayoría de los verdaderos médicos eran asignados a cuidar las tropas.

La victoria se escurrió de las manos alemanas para caer en las manos de los aliados, y mientras en Alemania del Este la homeopatía y naturopatía comenzaron a desvanecerse exactamente como Goebbels lo estableciera con su ley; en la Alemania Occidental el nuevo sistema político cambió inadvertidamente la misma suerte de los “heilpraktikers” cuando la Suprema Corte determinó que en una Democracia no se puede prohibir el entrenamiento de una actividad legítima.  

Para quienes buscan confort en la espiritualidad, los “heilpraktikers” les ofrecían tratamientos “en armonía con la Naturaleza y el Cosmos”.  Entre 1970 y 1989, los “heilpraktikers” se triplicaron en Alemania Occidental, expandiéndose a Alemania Oriental después de la caída del Muro de Berlín[xi].

A diferencia de los médicos, el practicante homeopático aplica su terapia haciendo  proselitismo constantemente. Incluso los cursos de "salud" ofrecidos por los centros de educación en Alemania son impartidos en su mayoría por curanderos alternativos, quienes utilizan la oportunidad para publicitarse a los pacientes. Sin embargo, los participantes (en Alemania) todavía pagan y la población contribuyente subvenciona la asistencia a estos cursos.

Estos cursos de "educación" le brindan al curandero homeópata una plataforma desde la cual pueden expresar su opinión sobre las virtudes de la medicina alternativa y los vicios de la medicina científica basada en evidencias. Los homeópatas se consideran mucho más informados y sienten que es su misión difundir la verdad. Los homeópatas luchan contra las fuerzas del mal encarnado en la medicina científica, a la que algunos homeópatas acusan de ser "la principal causa de muerte.[xii]"  Sumado a este sentido de probidad, ellos sienten el sabor embriagador de ser líderes en la frontera científica, porque al fin de cuentas  solo ellos entienden la dimensión espiritual de la medicina. El homeópata no percibe la ironía de oponerse a la (medicina-) ciencia al tiempo que afirma estar a la vanguardia de la ciencia.

Los homeópatas tienen además la ventaja de poder promover sus productos durante consultas.  Muchos son excelentes vendedores, diestros en explotar la vanidad, las esperanzas y los miedos, y en convertir sus clientes en promotores esgrimiendo un arsenal entero de triquiñuelas clínicas[xiii].

La mera naturaleza de muchas enfermedades ayudan al argumento de la homeopatía. Cuando una mejora ocurre, los pacientes fracasan en atribuir su alivio al efecto del placebo o a los vaivenes naturales de muchas enfermedades crónicas, o a cualquier otra de una variada colección de otras causas[xiv].

Desafortunadamente, la influencia de Hitler no murió con él.  Su cínica promoción de las medicinas alternativas (y su ideología) ha dejado legados perdurables que todavía cobra vidas en el mundo.



[i] Himmler, it turns out, was an old hippy “obsessed with natural healing and rejected many aspects of modern medicine. Among various alternative medical practices, he studied herbalism, homeopathy, mesmerism and naturopathy. He also followed the advice of ariosophic thinkers . . . [who] believed that practising yoga could release cosmic energies tied to astral bodies . . . ” —"Hitler's Monsters.  A Supernatural History of the Third Reich;” Eric Kurlander.
[ii] 12. Donner F. Bemerkungen zu der Überprüfung der Homöopathie durch das Reichsgesundheitsamt 1936–39. Teil IV. Experimente und Ergebnisse. Perfusion. 1995;8:124–9
[iii] Invnrrrtional Jolunnl for Quality in H& Care. Vd. 8. No. 2. pp. 187-190.19% Copyright Q 19% ELvvier Science Ltd.
[iv] Germann P. 60 Jahre Heilpraktikergesetz: Kleine geschichtliche Skizze. Naturheilpraxis, Sept 1999.
[v] Himmler's Paradies. Frankfurter Allgemeinen Sonntagszeitung 36:10, Sept 8, 2013. Excerpts posted at http://tapferimnirgendwo.com/2013/09/08/und-du/
[vi] Ernst E. A leading medical school seriously damaged: Vienna 1938. Annals of Internal Medicine 122:789-792, 1995.
[vii] Weindling P. Cambridge University Press; Cambridge: 1989. Health, race and German politics between national unification and Nazism, 1870–1945.
[viii]  (Gapminder Maternal mortality ratio. 2013. http://www.gapminder.org/data/documentation/gd010/) 
[ix] Even today, there are about 600 clubs, with more than 160,000 members, preaching the health doctrines of just a single one of these—the treatments prescribed by the 19th-century Bavarian priest, Sebastian Kneipp [4]. Father Kneipp began his medical mission after he became convinced that he had cured his own tuberculosis by icy dips in the Danube in winter.
[x] Ernst E. Naturheilkunde im Dritten Reich. Deutsches Ärzteblatt 92:104-107, 1995.
[xi] Federspiel und Herbst 1996, Scharl 1996. Statistisches Jahrbuch 1996 und 1998. Figures quoted by Roland Ziegler. Was kann und darf ein Heilpraktiker? May 31, 2000.  
[xii] Null Gary and others. Death by medicine. Life Extension Magazine, March 2004.
[xiii] Beyerstein L. Why bogus therapies often seem to work. Quackwatch, July 24, 2003
[xiv] Barrett S, Jarvis WT. How quackery sells. Quackwatch, Jan 20, 2005.