Saturday, January 24, 2009

Ahora puedo decirlo convencido.

Una helada mañana de Febrero en 1964, llegue a los Estados Unidos, cuando el país se encontraba conmovido por el reciente asesinato de J.F.Kennedy, y sacudido entre teorías y contra-teorías que intentaban explicar el catastrófico evento. Lyndon Johnson era presidente.

Aislado e incomunicado por mi ignorancia del idioma, me tomó bastante tiempo actualizarme sobre las condiciones político-sociales del momento, que por otra parte no tenia demasiado interés de aprender ni comprender. Llegaba con una carga mezcla de desencanto con el país que dejaba, y esperanza en el que me recibía.




El frío intenso del aeropuerto Kennedy me dejo de una pieza en mi moderno traje de “dacrón” (lo mas adecuado para combatir una noche de Febrero de intensa de bailandaga cordobesa). Echando bocanadas de vapor y con un súbito terror de enfermarme y no poder explicarlo en el idioma local, tiré con decisión los paquetes de cigarrillos apretados en mis bolsillos.

Lo que estaba pasando entonces—hoy historia—fui aprendiendo y absorbiéndolo lentamente, después de sobrevivir el impacto del choque cultural, pasando del golpe emocional de encontrarme con lo inesperado, hasta el alivio de comprender lo desconocido.

Durante mi primer almuerzo, en un comedor de la YMCA, quede fascinado por la negrura y el esculpido físico del negro que limpiaba las mesas, siendo despertado por sus gestos que no necesitaban conocimientos del Inglés para comprender. Un tiempo mas tarde, en mi primera caminata por la ciudad, me crucé con una hermosa mujer de mi edad fumando desembarazadamente en la calle…”las putas de esta ciudad”—me dije—“son mucho mas lindas que las de Córdoba”. Más tarde, en ese anochecer, la acompañante rubia de un negro me haría creer que había confirmado mi observación anterior.

Mis prejuicios e ignorancias comenzaban a castigarme. Con el tiempo aprendí que en esta sociedad las mujeres habían adquirido casi tanta libertad como los hombres, ellas no necesitaban—como algunas argentinas que había llegado a conocer, incluyendo a mi madre—esconderse en el baño para pitearse un cigarrillo. También aprendería que las personas de empaquetadura mas barata, como los negros y otros de apariencia poco sajona, se mezclaban libremente con los demás. Esas fueron mis primeras experiencias en la ciudad de mi aterrizaje.

Unos meses después de mi llegada, a principios de Julio, el Presidente Johnson firma la Ley de Derechos Civiles de 1964, prohibiendo todo tipo de discriminación basado en raza, color de piel, religión, o país de origen. La ley también proveía al Gobierno Federal el poder para esforzar la legislación.

Esto ocurría a mi alrededor, sin que yo fuera totalmente conciente de ello, ni de las consecuencias que seguirían mas adelante. El sur del país se resistiría por años a abandonar los carteles “Para Blancos Solamente” y a habilitar todos los asientos de los medios de transporte para todos los públicos. La expresión “Un país regido por el comando de la ley” comenzaba a tener sentido.

El camino de entender fue largo, pero sin penas. Había tanto sentido común en la transformación, que no tuve problemas en asimilarla, y aprender su historia en el proceso. Un día, de visita en la casa de un amigo en Washington DC, observé perplejo como un presidente renunciaba a su posición, por haber mentido y violado la ley. El “regido por la ley” aparecía en su significado completo.

Pero quedaban residuos de antiguas experiencias en el fondo de mi espíritu inmigrante—los de mi país de origen—que tendían en situaciones extremas, a culpar a los demás por mis limitaciones. En este país me eduqué, progresé y evolucioné, formé y mantuve una familia, tuve todo lo que pude desear, fui a donde quise, y aprendí lo que me interesaba. O así lo creía. Pero un día….

Un día, después de una vertiginosa carrera en una empresa, creí que debía ser vicepresidente. Pero no lo fui. Llegue a atribuir la frustración de mi ambición al prejuicio discriminatorio de mi jefe norteamericano—el mismo que me había elevado sobre tantos otros de sus compatriotas. Mi acento al hablar era discernible, yo era “diferente”, y pensé que por eso había sido discriminado. Yo estaba seguro de merecer el ascenso, yo me creí superior y mas calificado que el vicepresidente que la compañía ya tenía…

…si, allí estaba, agazapado, latente, mi pasta argentina… ¿No debería Dios haber estado de mi lado?

Estuve equivocado por bastante tiempo, pero al final, caí en la sobria realización que no era lo yo tenia (mi acento) lo que había frustrado mi ambición, sino lo que me faltaba (calificaciones). De a poco fui aprendiendo el verdadero significado de la expresión “igualdad de oportunidades”, y mi vida fue mucho mas fácil y placentera después de aprender y aceptar mis capacidades, mis potencialidades, y mis limitaciones.

Mas años, y asi sin pensarlo, tal vez solamente porque tenía el tiempo que antes carecía, me encontré involucrado en una iniciativa que en cierta forma tenía resemblanza con mis vivencias. Pero no fue ese el motivo inmediato de mi decisión, sino la rebelión contra la dañina estupidez del liderazgo de turno. Y de repente, sentí como si me hubiesen nombrado vicepresidente en mi antiguo empleo: mi candidato, más “diferente” del resto que yo, había sido elegido Presidente del país donde ya no quedaban carteles de “Para Blancos Solamente”.

Ahora si, ahora puedo decirle convencido a mis hijos y nietos, que si ellos tienen lo que se necesita, y quieren, pueden ser Presidente.

Un abrazo a todos,
Alberto



Tuesday, December 23, 2008

Con el otro ojo.


“¡Hurra!” escribí en celebración del zapatazo que Muntadar al-Zeidi arrojara al Presidente Bush. Yo creí estar “convencido que ustedes lo disfrutarían como yo.”

Escribí esa nota apenas 20 minutos después que la noticia salió al aire en los Estados Unidos, en reacción espontánea a un evento observado con un solo ojo: mi repulsión por una guerra injustificable y mi disgusto por el individuo responsable.

Hoy, pasados unos días de reflexión, admito la parcialidad sesgada de mi espontáneo comentario, una tendencia que a menudo he criticado en otros.

Como ya debe ser claro para todos, mi opinión original no es universalmente compartida. Por heroica—y simpática—que pueda parecer, la conducta de al-Zeidi viola la histórica tradición Iraquí de hospitalidad hacia sus huéspedes, aunque ellos sean sus enemigos. Ahmad Abu Risha, el líder del Consejo del Despertar en Anbar, condenó la acción de al-Zeidi afirmando que “…el Presidente Americano es el huésped de todos los Iraquíes”. En una entrevista con Associated Press, el Ministro de Relaciones Externas iraquí Hoshyar Zebari declaró que “Este es un comportamiento despreciable, una afrenta a nuestra cultura de hospitalidad y auto-respeto”.

Vamos a encontrar sentimientos similares entre los comentaristas de todo el medio oriente.


Sin duda, el agresivo periodista no solo violó una de las mas antiguas tradiciones de su pueblo, sino también el código de conducta de su profesión.


¿Cómo puedo entonces explicar mi apurada celebración? Después de todo, si se mira el incidente con el otro ojo, se debe reconocer que ocurrió frente a un presidente iraquí—¡perteneciente a una minoría Shia!—elegido en elecciones libres, gobernando una peculiar democracia multiétnica-multireligiosa en el corazón del medio oriente. Este ya no es el Irak de cuando Uday Hussein desollaba a latigazos los pies de futbolistas que perdían un partido de fútbol. El mismo acto en tiempos de Saddam hubiera conducido al
asesinato sumarial del perpetrador, quizás allí mismo, en el acto. (Algunos ejemplos aqui)

Con solo recordar estos hechos mi comentario hubiera sido un poco más sobrio y mesurado.


¿Porque entonces mi juicio apresurado?


No siempre es fácil ver las dos caras de un conflicto. Ceo que es porque tenemos la inclinación a favorecer lo que nos gusta y desacreditar lo que no nos gusta independientemente de sus meritos.

La mayoría de la gente, entre los que me incluyo a mi pesar, tiende ingenuamente a sobre-estimar la precisión—o realismo—de sus percepciones. La mayoría somos, en la expresión de psicólogo social Lee Ross, realistas ingenuos. El "realismo ingenuo" es la convicción que uno ve al mundo exactamente como realmente es, aunque otros lo vean en forma diferente. Es la conceptualización inmediata de las cosas, sin reflexionar sobre ellas; es aceptar lo que se ve sin interpretarlo. Es el realismo arquetípico de los niños y de las culturas primitivas.

Es ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio.


El realista ingenuo cree que su información (¡peligrosamente Wikipédica!) lo salva de caer en este error. En conferencias, en comentarios periodísticos, en foros de discusión, en blogs como este y en charlas de café llega a admitir que la realidad no es lo que parece, que está siempre dispuesto a reconocer que sus sentidos lo engañan, que esta preparado para considerar otros puntos de vista, y que su inteligencia le crea una visión tolerable aunque incompleta del mundo. Pero su admisión es ocasional y momentánea, mientras que en la vida diaria adopta de lleno la apariencia, justificándola con definiciones y valoraciones.


Mientras que el realismo ingenuo es una desafortunada característica humana de la que nadie es completamente inmune, es mi resolución para el nuevo año tratar de observar el mundo sin caer en esa trampa.


Un abrazo,
Alberto

Sunday, December 14, 2008

La Mejor Despedida del 2008!


Hurra!

Hay que aprender a hacer despedidas en forma apropiada. Hace 45 minutos un enardecido iraqui le tiro un zapatillazo a George Bush durante una conferencia de prensa en Irak.


En el Palacio del Primer Ministro Nouri-al Maliki, donde Bush ofrecia una conferencia de prensa durante su viaje de sorpresa al pais, un hasta este momento desconocido iraqui arrojo una zapatilla hacia el presidente Americano, quien pudo escazamente esquivar el proyectil.
Esten atentos, porque seguramente apenas la prensa consiga “security clearance” algun video inundara la internet.

Estoy convencido que ustedes lo disfrutaran como yo.


Hurra!
Un abrazo,


Alberto

El Primer Ministro iraquí tratando de atajar el zapatillazo dirigido a Bush.
(Esto merece fecha y hora: Domingo, Diciembre 14, 2008. 13:31 EST)

Friday, November 28, 2008

…lo que mas importa es lo que nos queda…



Mi mejor “69”
Parte 3 de 3


Tenía la pretensión de escribir al final, una nota inteligente, profunda, como para reflexionar. Pero no pude. No podría describir con justicia todas las cosas importantes que han quedado de mis experiencias sin correr el riesgo de olvidarme de algunas.
Por lo que puedo recordar, ninguna de mis experiencias ha estado desprovista de elementos humanos, y de ellas conservo mis mejores bienes… mis hijos; mi nieto—y los que posiblemente vendrán más adelante—; mi buena e incondicional parentela; y ustedes mis amigos de “fierro”. Al decir “ustedes” quiero asegurarme que se entienda “todos ustedes”.

No puedo asegurar que algunas cosas vividas hayan pasado sin dejar cicatrices y algún dolor, pero el tiempo ha borrado ya aquellas y adormecido a estas.

Presiento que en el camino todavía por recorrer, encontraré mas cosas lindas y buenas. No se a quien agradecer las dichas pasadas, ni a quien agradecer por adelantado las futuras, pero seguro que cada uno de ustedes tiene algo que ver con este asunto. Ayer, reunido con nuevos amigos en celebración del Día de Gracias, me acordé de ustedes, y hasta relaté algunas anécdotas. Reciban ahora ustedes “mis gracias” por haberme brindado vuestra amistad.


Les deseo mi paz.
Un abrazo,

Alberto

…lo que mas importa es lo que nos queda…

Mi mejor “69” Parte 3 de 3

Tenía la pretensión de escribir al final, una nota inteligente, profunda, como para reflexionar. Pero no pude. No podría describir con justicia todas las cosas importantes que han quedado de mis experiencias sin correr el riesgo de olvidarme de algunas.

Por lo que puedo recordar, ninguna de mis experiencias ha estado desprovista de elementos humanos, y de ellas conservo mis mejores bienes… mis hijos; mi nieto—y los que posiblemente vendrán más adelante—; mi buena e incondicional parentela; y ustedes mis amigos de “fierro”. Al decir “ustedes” quiero asegurarme que se entienda “todos ustedes”.

No puedo asegurar que algunas cosas vividas hayan pasado sin dejar cicatrices y algún dolor, pero el tiempo ha borrado ya aquellas y adormecido a estas.

Presiento que en el camino todavía por recorrer, encontraré mas cosas lindas y buenas. No se a quien agradecer las dichas pasadas, ni a quien agradecer por adelantado las futuras, pero seguro que cada uno de ustedes tiene algo que ver con este asunto. Ayer, reunido con nuevos amigos en celebración del Día de Gracias, me acordé de ustedes, y hasta relaté algunas anécdotas. Reciban ahora ustedes “mis gracias” por haberme brindado vuestra amistad.

Lean on me -
Les deseo mi paz.

Afectuosamente,
Alberto


Wednesday, November 5, 2008

How this happened‏

De: Barack Obama
Enviado: miércoles, 05 de noviembre de 2008 05:34:16 a.m.
Para: Albert Halac (alberto_halac@hotmail.com) Obama for America
______________________________________________________

Albert --

I'm about to head to Grant Park to talk to everyone gathered there, but I wanted to write to you first.
We just made history.

And I don't want you to forget how we did it.

You made history every single day during this campaign -- every day you knocked on doors, made a donation, or talked to your family, friends, and neighbors about why you believe it's time for change.

I want to thank all of you who gave your time, talent, and passion to this campaign.

We have a lot of work to do to get our country back on track, and I'll be in touch soon about what comes next.

But I want to be very clear about one thing...

All of this happened because of you.

Thank you,

Barack

________________

This email was sent to: alberto_halac@hotmail.com

Tuesday, November 4, 2008

Excitación Para Compartir

Hace poco más de 50 años atrás, fui empujado junto con algunos de ustedes a ser parte de un cambio histórico del que no tenia conciencia entonces. Me llevo muchos años comprender el significado, y las implicaciones y consecuencias de esa marcha involuntaria pero obligada hacia Jesús Maria, Ascochinga, y los alrededores.

Anoche, conciente y voluntariamente, completé mi participación en otro evento que supongo el futuro considerará de cambio histórico. Por primera vez participé activamente en una campaña política, la del Senador Barack Obama, quien con el solo hecho de llegar a competir por la presidencia de los Estados Unidos representa el espíritu tradicional de este país amalgamándose con el espíritu de una nueva y más diversa demografía, y la fuerza renovadora de la juventud.

Manassas, Virginia. Noviembre 3, 2008.

Anoche, en Manassas, a 30 minutos de mi residencia--y en parte por mi modesto esfuerzo--casi 100.000 personas se juntaron hombro con hombro para apoyar al candidato Obama en su último discurso de campaña, en Virginia.

Leesburg, Virginia. Octubre 22, 2008

Reston, Virginia. Noviembre 4: a votar.

Reston, Virginia. Viejos, jóvenes, blancos, negros, nativos y naturalizados
en un acto con prop
ósito comun.

Esta mañana, al poner mi voto entre viejos y jóvenes; entre blancos, negros y marrones; entre una infinidad de acentos extranjeros, me di cuenta que no importa cual sea el resultado final de estas elecciones, lo importante es que el cambio buscado había sido producido.
La excitación de haber sido participante de esa fuerza de cambio es lo que quiero hoy compartir con ustedes.

Un abrazo,

Alberto