Thursday, July 26, 2007

El tiempo que nos queda

Hola amigos…

En unos minutos salgo para visitar mi hijo y mi nieto, pero sentí la compulsión de enviarles este mensaje antes de salir. Esta noche, únete conmigo a considerar si estamos usando bien el tiempo que nos queda.

Un abrazo

Alberto

Wednesday, July 25, 2007

Friday, July 20, 2007

Dia Internacional del Amigo

Me cuentan que la idea del Dia Internacional del Amigo fue ideado por el argentino Enrique Ernesto Febbraro, profesor de sicología, filosofía, y odontólogo, el 20 de julio de 1969 inspirado por la llegada del hombre a la Luna.

En conversación con el director de Prensa del Rotary Club, el Dr. Febbraro, enfatizaba : "Mi amigo es mi maestro, mi discípulo y mi condiscípulo. Él me enseña, yo le enseño. Ambos aprendemos y juntos vamos recorriendo el camino de la vida, creciendo. Sólo el que te ama te ayuda a crecer".

Felicidades mis amigos!

Alberto

Wednesday, July 18, 2007

“Así que usted es el famoso…”

Mi mayor preocupación en esos días era cómo realizar sin cerrar puertas detrás mío, la transición de mi viejo empleo al nuevo. Eran tiempos de cambios en la nueva era de los años 70s, la tipografía metálica comenzaba a ser desplazada por la fotográfica y computacional. Había que mantenerse profesionalmente actualizado. La política, que siempre fue una actividad extraña a mis pensamientos, era mas extraña aun en este país al que me estaba acomodando.

Pero no podía despreciar la invitación de mi buen amigo Oscar, que era un importante contribuyente a la causa del Partido Demócrata de New York. Pensaba también, que la reunión organizada a beneficio de la campaña electoral del candidato hispano, podría exponerme a clientes potenciales para mi futuro proyecto de independencia laboral.

Con la cordialidad que la situación exigía, y mientras nos mezclábamos entre los invitados con esbeltas copas de champagne balanceándose en las manos, fuimos progresivamente presentados a las figuras mas prominentes del evento.

Después de un velorio, no puedo imaginarme que otro tipo de reunión puede producir conversaciones mas inanes que las de recolección de fondos políticos. Lo que había supuesto seria una interesante experiencia se estaba tornando en una de las mas tediosas; eso fue hasta que Oscar, tomándome del brazo me susurra, “Alberto, vení que quiero presentarte a un muchacho de Córdoba.”

Nos arrimamos a un grupo bullicioso de gente que reconocí inmediatamente como Argentinos. ¡¿Quién puede confundir el arrogante acento porteño?!

Y fuimos presentados uno a uno. “Alberto, te presento a José” me dice Oscar poniendome frente a ese bien vestido joven, no mucho mas joven de lo que yo era entonces.

--“Mucho gusto, José Martí”

--“Mucho gusto, Alberto Halac” contesté.

--“¿José Martí? Como el prócer cubano…” dije intentando proseguir la conversación. “Así que usted es de Córdoba…¿De que parte?”

José me miraba sin responder, como si su atención hubiera sida atraída por otra cosa que no era la banalidad de mi pregunta.

--“Que casualidad… “ continué tratando de seguir otra línea mas interesante de conversación, “yo tenia un profesor que se llamaba José Martí…”

--“¿Usted fue liceista?” me pregunto sin dejar que termine mi frase.

Con instintiva cautela confesé que si, efectivamente había sido cadete del Liceo Militar Gral Paz…

--“Aaaahhh… Así que usted es el famoso Halac!” respondió abriendo mas las ojos.

--“Yo soy hijo de José Martí, el profesor de música… ¡Pepe Napia! Mi papá siempre se acuerda de usted pero no en los mejores términos!”

La oportuna intervención de Oscar me rescato de pasar mas vergüenza, el “candidato” se arrimaba con la mano extendida para agradecer nuestro apoyo, y yo, aprovechando el movimiento de cuerpos para hacerle lugar dentro del grupo, me escabullí hacia la salida para refugiarme en las sombras protectoras de la noche.

“¿Que fue todo eso?” me pregunto Oscar cuando nos reencontramos para el regreso a casa. Y tuve que explicárselo

…………………

Pobre Pepe Napia… se había ganado su apodo por la extraordinaria dimensión de su nariz que empujaba sobre su pipa con toda la dignidad que le era posible.

José Martí era nuestro profesor de música. Bueno… fue mas que eso, él se convirtió en epitome de la creativa perversidad de nuestros desbordes estudiantiles. En un episodio del que cada promoción querría haber sido protagonista, se había intentado convencerlo que fumar la pipa podía conducir a una temprana sordera—inaceptable final para un amante de la música como él. La campaña alcanzo su climax durante una de sus clases en el anfiteatro de música, donde todos nos pusimos de acuerdo para gesticular el canto sin emitir sonido alguno, y mantener la farsa hasta su inevitable final: La clase castigada.

Pero quizás el recuerdo indeleble que él pueda conservar de mí específicamente, sea por mi participación como miembro del comité estratégico para posponer una prueba escrita que no nos encontraba preparados.

La novedad esa semana era el invento de un pequeño fuelle construido con papel, que podía ser usado para fumigar el ambiente con partículas de gas o polvo y con increíble eficacia.

Con acelerado nerviosismo, recuerdo, los 20 y pico cadetes de esa clase llenando nuestros fuelles con polvo de tiza y tierra laboriosamente tamizados para facilitar su dispersión aérea que iniciamos apenas unos minutos antes que la clase comenzara. Todas las puertas fueron cerradas, y cuando el aire se tornó tan denso que no era posible distinguir que había mas allá de un par de metros, la puerta del aula se abrió bajo la mano firme de Pepe Napia.

La silueta de Pepe Napia se podía divisar a contraluz entre la flotante polvareda, deteniéndose un momento ponderando como manejar la situación. Una voz, tal vez de la un arrepentido participante, se escucho preguntar “Quiere que abra las ventanas profesor?”.

“¿!No!?” respondió con energía Pepe Napia, “¡Deje que se cocinen en su propia salsa!”, y con la misma dignidad con que empujaba diariamente su nariz, el profesor Jose Marti condujo su examen hasta el final.

Hoy al narrar este episodio recuerdo con una sonrisa y bastante melancolía, esos años cuando nuestra única responsabilidad era usar bien el tiempo en nuestro propio beneficio. Y no puedo evitar sentir un poco de remordimiento por los malos ratos que le hicimos pasar a nuestros profesores, ellos no hacían más que ayudarnos en la difícil transición de niños a hombres.

Con toda sinceridad, quiero expresar al profesor José Martí mi agradecimiento por lo que hizo por mi educación.

Un abrazo,

Alberto

Tuesday, July 17, 2007

Primera Lección

Unos le llaman ingenuidad, otros dirán que es pura bobería, pero hasta esa edad, todo había sido casi perfecto. Tranquilidad y seguridad familiar, un buen trabajo, el primer amor, buenos amigos… y los primeros arañazos de la picazón del viajero. Todo era claro y sencillo, no había descubierto todavía la malicia adulta ni las astutas artimañas políticas. Amigos eran todos aquellos con quienes me asociaba en alguna inconfesable picardía o en alguna soñada aventura.

En la edad de las ilusiones, sueños de estilista de automóviles en un mundo por conocer.

Ya había dejado de ser atractiva la quinta donde mis viejos me enviaban de vacaciones, el mundo, me imaginaba, debe extenderse un poco mas allá de Embalse y Río Tercero, debe haber otros colores, otros aires, otra gente.

Con mi padrino de confirmación—proveedor del Leprosario J. Puentes—mi experiencia viajera ya había llegado hasta la localidad de San Francisco del Chañar, una población levantada sobre la histórica Posta El Chañar en el "Camino Real del Alto". Yo ambicionaba un paso mas adelante.

Esa ambición permaneció dormida hasta sentir entre mis piernas el vibrar ansioso (no se empiecen a hacer el bocho!) de mi primer vehículo: la DKW 125 cc. de dos tiempos, negra, con cromados impresionantes. Mi “amigo” Carlos, compañero de trabajo en la antigua IKA me demostraba un interés similar cuando yo compartía mis sueños en reuniones y conversaciones, y naturalmente, ambos unimos nuestra afinidad en el planeamiento de un “viaje al norte”—el “norte” siendo Bolivia—, él en su motoneta Siambretta 125, y yo en mi flamante DKW.

Con la frente ceñida de preocupación, mi madre nos dio la despedida en la madrugada de un radiante día estival. El mundo me abría sus puertas ofreciéndome la primera lección sobre la amistad, la verdadera amistad.

Las peripecias del nuestra travesía—incluyendo el encuentro con Yul Brinner, Tony Curtis y sus atractivas parejas, y nuestra participación en el filme “Taras Bulba” —son material para otro artículo; el foco de esta historia es el gesto espontáneo que une o separa en una relación humana.

Antes de llegar a nuestro destino prefijado en La Quiaca, ya habíamos agotado nuestros recursos monetarios—o así parecía--, y haciendo el ultimo balance, pusimos en un fondo común nuestros dineros que calculábamos nos alcanzaría apenas para afrontar los gastos de combustible en llegar a destino y nuestro viaje de regreso. Los demás gastos quedaban en manos de la providencia y nuestro apoyo mutuo.

A pecho abierto en nuestros fieles transportes emprendimos el regreso. Los últimos pesos nos habían permitido cenar frugalmente la noche anterior. Con la vista al sur, cruzando un olvidado pueblito del sur salteño, imaginaba el desayuno servido por mi vieja: café, pan criollo y mucha manteca! Queriendo compartir la fantasía con mi compañero de viaje, mire hacia atrás, y al no encontrarlo detuve la marcha.

Preocupado por no verlo aparecer detrás mío, volví sobre la ruta ya transitada llegando al pueblito que terminábamos de cruzar, y a la vuelta de la primera esquina, bajo un frente de barro adornado con la leyenda “Confiteria” se apoyaba la familiar Siambretta cubierta de polvo.

Sus ojos sorprendidos se encontraron con los míos mas sorprendidos todavía… quedamos inmóviles por unos segundos, él con un mordisco de pan en la boca, y yo con una puntada en el pecho. Carlos había guardado sin compartir parte de sus recursos, y yo aprendía la primera lección en discriminar entre un amigo y una imitación barata.

Con las primeras metas viajeras conquistadas, mis compañeros de trabajo reconocen la hazaña.

Un abrazo,

Alberto

Sunday, July 15, 2007

No hace falta tanta historia…

Casi siempre, los amigos—los amigos verdaderos—comparten una parte grande, o una parte profunda y significativa de sus historias. Tiempo y experiencias compartidas los hacen más expertos en nuestra geografía física y psíquica que nuestros propios padres. Si uno ha tenido la suerte o el infortunio (!) de convivir por años desprovistos totalmente de privacidad bajo un mismo techo, comiendo de un mismo plato, soñado las mismas pesadillas y unidos en una resistencia común contra la autoridad institucional—como es este colorido collage humano de la 9ª. Promoción—ellos conocerán más que nadie nuestras debilidades, secretos y fortalezas.

O, igualmente, si uno ha tenido la mala o buena suerte de meterse en un mismo bote empresarial y enfrentar y sobrevivir juntos sus avatares, comprobando otra vez que lo importante no es lo que nos pasa sino lo que nos queda.

Cada uno habrá tejido y conservará una hilacha del tapiz de nuestra historia. Ellos son, parafraseando a Oscar Wilde, “los verdaderos amigos que no te clavarán el puñal por la espalda, sino por el pecho”.

Pero no siempre es así, no siempre hace falta tanta historia. También, como escribiera el ensayista Ingles C. S. Lewis, “la amistad nace en ese momento que una persona le dice a otra: ¡¿Qué?! ¿Vos también? Yo creí que era el único que…”

Así encontré otro de mis buenos amigos, Roberto Cardozo, como mosca en la leche… no no, esta no es una buena analogía! …mas bien como un chispazo en la penumbra, en medio del desordenadamente egotista mundo de los negocios. De nada más que cliente a nada menos que desinteresado y leal amigo… un salto bastante inusual en mi experiencia.

¡Click!

¿Vos también te entretenés en esas meditaciones filosóficas?

¿Vos también ves la injustificada distancia entre lo que es y lo que debiera ser?

¿Vos también disfrutas del arte?

¿Vos también aprecias el valor de la familia?

¿Vos también consideras tan importante la educación?

¿Vos también haces todo lo posible por hacer lo correcto?

¡Y yo que me creía el único…!

No intento de manera alguna atribuir solamente a Roberto estas admirables cualidades, todos mis amigos las poseen; ellos, despues de todo, han modelados las mias!. El punto es simplemente, la forma como uno las descubre en ellos, y como se las asimila.

Visité a Roberto y su familia durante mi último viaje a Argentina, y con ellos pasé uno de los mas placidos días de mi estadía. Cada vez que salgo de mi casa, siento la presencia de Roberto que me saluda desde su pintura a mi izquierda—y la de Susana Bertoldi desde la suya a mi derecha.

Con la familia Cardozo: Carolina, Miri y Miriam. Roberto, detrás de la cámara, es controlado con la mirada atenta de su esposa.

¡Uppppsss! ¿Que pasó?


Un abrazo,

Alberto