Anoche, conciente y voluntariamente, completé mi participación en otro evento que supongo el futuro considerará de cambio histórico. Por primera vez participé activamente en una campaña política, la del Senador Barack Obama, quien con el solo hecho de llegar a competir por la presidencia de los Estados Unidos representa el espíritu tradicional de este país amalgamándose con el espíritu de una nueva y más diversa demografía, y la fuerza renovadora de la juventud.
Anoche, en Manassas, a 30 minutos de mi residencia--y en parte por mi modesto esfuerzo--casi 100.000 personas se juntaron hombro con hombro para apoyar al candidato Obama en su último discurso de campaña, en Virginia.
Reston, Virginia. Viejos, jóvenes, blancos, negros, nativos y naturalizados en un acto con propósito comun.
Esta mañana, al poner mi voto entre viejos y jóvenes; entre blancos, negros y marrones; entre una infinidad de acentos extranjeros, me di cuenta que no importa cual sea el resultado final de estas elecciones, lo importante es que el cambio buscado había sido producido. La excitación de haber sido participante de esa fuerza de cambio es lo que quiero hoy compartir con ustedes.
Un abrazo,
Alberto











